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Hackeando la vida

*Le Pasó a una Amiga* Capítulo 9

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*Le Pasó a una Amiga* Capítulo 9

Pasó los 30 y nunca tuvo novio porque es fóbica al compromiso. Viene anotando en un cuaderno todas esas historias que fracasaron. Por eso, la invitamos a escribir. Conocé a Nadina, la protagonista de «Le Pasó a una Amiga»

Como la mayoría de la gente, tuve una etapa muy bolichera y salidora. Fue hace mil y duró poco, pero existió. Éramos pendejas, y en ese momento, lo único que queríamos era chapar. No importaba mucho con quien. No vivíamos cerca de Belgrano pero religiosamente los viernes a la tarde tomábamos el 80 para ir a los negocios de Cabildo y Juramento a comprar ropa tipo Natalia Oreiro en «Tu Veneno». O cosas medio alternativas en la Galería Recamier, y así vestidas y con muchas ganas de chaparnos a un vampiro, salíamos de cacería. Cuento esto, que parece de otra vida, porque la noche del cumple de Mati Pereyra, volví a pisar un boliche después de exactamente, 15 años. ¿Por qué una persona que está casi llegando a los 40 decide festejar su cumpleaños en un boliche? ¿Soy yo, que soy extremadamente conservadora y aburrida? ¿O Mati Pereyra no acepta que debería dejar los chupines y los zapatos sin medias y festejar en una casa o un bar? No sé, hasta un salón de fiestas sería mejor. Me hubiera quedado en casa, lo juro, pero tenía la heladera pelada, Luis Miguel no iba a encontrar a su mamá y yo quería ver a Jano. Toda esa semana habíamos cruzado chistes en el laburo y teníamos mucha más cosas en común de lo que parecía. (Luego, Tinder me lo confirmaría) Y de paso, también invité a Martín , asi nos veíamos y dejábamos de lado todo el misterio del chat. Obvio que enseguida dijo que si, hasta se ofreció pasarme a buscar por casa, pero me pareció un montón. Preferí verlo directamente ahí, que «cayera» con algún amigo. Obvio que no pensé que estaba recién repatriado de Estados Unidos y que amigos le habían quedado pocos.La noche fue horrible desde el momento que entramos al VIP donde Mati Pereyra nos esperaba exultante, todo transpirado y con el peinado de Ricardo Fort. Era su «noche» y toda esa puesta en escena tenía un solo objetivo: levantarse a Romina. Todo estaba mal, la música fuertísima, la gente tomaba champagne como si fuera agua y yo, estaba fuera de foco mal: creí que con una camperita de cuero estaría canchera, pero parecía Pappo, al lado del ejército de Angeles de Victoria Secret que iban y venían por todo el lugar.- «Pónganse cómodas que todo este espacio es para nosotros» gritaba Mati mientras se desabrochaba un botón de la camisa negra de spandex y hacía un pasito extraño con las manos. Hacía 15 minutos que habíamos llegado y yo ya estaba viviendo un infierno difícil de sobrellevar si no era con alcohol. Fui hasta la barra con Romina, y me acodé como un viejo borracho (que en definitivamente era la persona habitaba en mi interior). Nos atendió un chico muy simpático de pelo largo y dientes blancos color Liquid Papper y nos quedamos charlando los tres un rato. Bueh, «charlando». El falso Gastón Angrisani del Grupo «Moykanos» también le quería entrar a Romina. Soy mala onda pero tonta jamás. Era quien tenía el alcohol, mi criptonita, así que fui simpática y me reí de todos sus chistes aunque eran pésimos. De repente el volúmen de la música bajó como de golpe o eso sentí, cuando Jano subió la escalera sonriendo vestido de civil (nunca lo había visto sin traje) . Por un momento lo imaginé semi en bolas en mi sillón bajoneando helado, haciendo búsquedas raras de YouTube, contándonos anécdotas, escuchando Blur, sacándonos la ropa y estaba por seguir cuando detrás de él apareció una rubia hegemónica y lo besó. Le apreté la mano fuerte a Romi, lo miré a Angrisani y le dije: «Servime lo más fuerte que tengas».

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