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Hackeando la vida

Las oscuras historias que Disney trató de ocultar

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Las oscuras historias que Disney trató de ocultar

LA BELLA DURMIENTE

Lo que hoy llamamos La Bella Durmiente se llama en realidad Talía, Sol y Luna. Se publicó en 1635 dentro de una colección de cuentos titulada Pentamerone, escrita por Giambattista Basile. Y lejos de ser un bello «cuentito» de Disney es más bien una historia de canibalismo y pedofilia. El comienzo es bastante parecido a lo que conocemos. Arranca desde el nacimiento de Talía, sobre la cual ya pesaba una maldición, y su vida corría peligro si se acercaba a una rueca de tejer y se pinchaba el dedo. A pesar del intento de sus padres por intentar protegerla -quitando todas las ruecas del  reino- al cumplir los quince años, Talía se pinchó en un dedo con una astilla y cayó en un sueño tan profundo que todos la dieron por muerta. Totalmente desdichados, los padres abandonaron el castillo y la dejaron durmiendo allí, sobre una cama de piedra.

El reino quedó desierto y cubierto de vegetación. Hasta acá todo más a o menos igual. Pero en esta historia no hay príncipe azul, sino un rey bastante perverso, que cuando se encontró en la cama a aquella hermosa doncella quinceañera de piel pálida, aprovechó que estaba indefensa (quizás muerta) para violarla. Después de semejante atrocidad, volvió a su castillo junto a su mujer y sus hijos. Talía quedó embarazada y 9 meses después, dormida, parió a sus hijos Sol y Luna (no queda muy claro quién les puso nombre). La cuestión es que los bebés querían lactar  y como no podían alcanzar los pechos, mordieron el dedo en el que estaba la astilla, la sacaron y despertaron a Talía. El calvario de esta gente todavía sigue porque la mujer del Rey, cuando se enteró del adulterio de su marido, mandó raptar a los nenes para cocinarlos. Suerte que tenía un cocinero buena onda  que puso unos pollos en su lugar y así los salvó.

BLANCANIEVES

Esta película  de Disney es una adapatación de un cuento de los Hermanos Grimm, unos daneses bastante sádicos y gore, autores de muchos clásicos que Disney tuvo que «suavizar» para volverse parte de nuestra cultura popular.

La historia oficial que conocemos de  «Blancanieves» es la de una bella princesa de piel blanca y pelo negro azabache- que vivía con siete enanitos en el medio del bosque porque su madrastra mandó un cazador a matarla, luego de que el espejo mágico le dijera que Blancanieves era más hermosa que ella. Hasta acá el relato es idéntico al original pero en la segunda parte de la historia comienzan las diferencias. En el momento que la madrastra se entera de que Blancanieves seguía con vida, decide matar a la joven con sus propias manos. Lo intenta tres veces: la primera vez, con una cinta para el pelo; la segunda, con una peineta tóxica; y finalmente, con la famosa manzana envenenada. En las dos oportunidades anteriores, los enanitos llegaron a tiempo para rescatarla. Pero, en la tercera, no hubo nada que hacer y Blancanieves cae inconsciente en el piso de la cabaña. Los enanitos deciden enterrarla en un ataúd de cristal porque no podían soportar que la tierra se devorara su belleza. El velorio duró años. 

El final es más desconcertante que el de «Sexto Sentido».  Un día pasaba por ahí un príncipe y al ver el ataúd de vidrio con Blancanieves adentro , se enamoró de ella *esa necrofilia sí que no te la robo, amigo* y les pidió a los enanitos llevar el féretro al castillo para admirarla el resto de su vida. Pero puede fallar- como decía Tusam-  y al mover el ataúd, un trozo de manzana salió de la garganta de Blancanieves y así, como quien no quiere la cosa, despertó. No hubo beso de amor: sólo un accidente con suerte. Felices, el príncipe y Blacanieves se casaron. Invitaron a los enanitos y también a la madrastra, a la que le tenían preparada una pequeña sorpresita: fue obligada a bailar desnuda hasta morir, calzada con unos zapatos de hierro calentados al rojo vivo. Bueno, ni Tarantino, se animó a tanto.

LA BELLA Y LA BESTIA

La primera «Bella y Bestia» la firma Gabrielle-Suzanne de Villeneuve, Madame de Villeneuve, una dama de la nobleza francesa que publicó sus obras a principios del siglo XVIII y de la que se sabe muy poco.  La Bella y la Bestia forma parte de un libro más amplio llamado que trata de una pareja de recién casados que viaja mar adentro y  se cuenta cuentos para entretenerse. En su versión original la bestia no parece un León copado, como nos mostró Disney, sino que tiene Trompa de Elefante (Oiga!) y al moverse genera mucho ruido. En la película vemos el  esfuerzo de La Bestia  para enamorar a la Bella pero en la versión original, es mucho más directa la cosa: todos los días a la hora de la cena la Bestia le preguntaba si quiere acostarse con él . Finalmente a pedido de su padre y después de estar dos meses fuera del castillo visitando a su familia, Bella decide casarse con él. Cuando vuelve se encuentra a la Bestia al borde de la muerte y ahí se da cuenta de que es fiero pero bueno. Esa noche cuando  la Bestia le pregunta si quiere acostarse con él, ella acepta. Pero se ve que  La Bestia anda con sueño, así que se meten en cama y duermen, sin que pase nada. Cuando se despiertan al día siguiente, la Bestia dejó de ser una bestia y se transformó en un príncipe que está buenísimo.

Mientras que Bella trata de entender qué carajo pasó, aparece la madre del Príncipe- AKA «la suegra»- muy enojada porque la Bella será muy linda y rompió el hechizo del hijo, pero no deja de ser la hija de un mercader que no tiene sangre real.  Cual novela de Andrea del Boca, Bella intenta renunciar a Bestia, a pesar de que es el hombre que ama, porque no quiere dinero. Es solo una chica frente a una bestia pidiéndole que la ame. Pero un hada interviene y OH CASUIALIDAD, les cuenta a todos una historia desconocida: Bella es en realidad una princesa que había sido perdida de niña. Su padre fue un rey y su madre,  un hada que no aceptó las normas (las hadas no pueden casarse con humanos) . Ante tanta sangre azul,  a la reina no le queda otra que aceptarla.

Ludmila Gurchenco

Periodista. Conductora de Radio. Editora de Hackeando La Vida.

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